PAISAJE MICROONDAS

El 3 de abril de 1973, Martin Cooper caminando por las calles de Nueva York realizó la primera llamada telefónica con un teléfono celular. Hoy en el mundo se encuentran en operación cerca de 5000 millones de celulares, por lo que la economía directa e indirecta relacionada con la telefonía celular es de dimensiones prácticamente no cuantificables y el teléfono celular es el objeto de consumo más difundido en el mundo.

Una antena para celular puede, en las mejores condiciones ambientales, irradiar sus ondas hasta 35 kilómetros de distancia. Actualmente una gran parte del territorio mundial tiene cobertura celular, por lo que es posible imaginar el gran número de torres destinadas a este uso presentes en el mundo.

En el año 2011 un estudio realizado por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud, señaló que “el uso de teléfonos celulares puede aumentar el riesgo de glioma, un tipo de tumor cerebral maligno”. Los datos elaborados por parte de la ARC han llevado a clasificar los campos electromagnéticos de radiofrecuencia como agentes cancerígenos del grupo 2B, es decir, potencialmente cancerígenos para el hombre.

Mis últimos trabajos fotográficos reflejan mi interés hacia las consecuencias que nuestra sociedad está viviendo debidas a la falta de un crecimiento armónico, sacrificado en nombre del progreso, del consumo  y de las inherentes ganancias. La conjunción de estos tres particulares ídolos de nuestra sociedad, provoca una fuerte aceleración en la asimilación de cualquier novedad, cosa que tiene como efecto la perdida de la conciencia de las eventuales consecuencias para nuestro planeta y para el ser humano.

El proyecto Paisaje Microondas centra el interés en los problemas derivados del uso del teléfono celular, focalizando la atención visual en el cambio del paisaje debido a la incontrolada proliferación de las torres para antenas celulares. La escasa conciencia individual respecto de los peligros derivados de las ondas electromagnéticas generadas por los celulares, es reforzada por la aparente invisibilidad de esta omnipresencia: pocas personas ven las torres presentes e incluso viéndolas no las consideran un verdadero peligro.